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Indicios de la vida de un club: a 65 años de la aparición de la revista River

 

 

El 15 de septiembre de 1944 salía a la calle por primera vez la revista partidaria River, medio gráfico que, al precio de 20 centavos, se presentaba como una revista deportiva ilustrada bajo el lema “Una voz riverplatense para todos los deportistas”. Con el paso de las décadas, la revista pasó a conformar un verdadero acervo histórico como fuente privilegiada respecto de la historia del Club Atlético River Plate, en tanto que aporta -en una serie de dimensiones como la futbolística, la institucional o la política- datos, fotografías e historias difícilmente ubicables en otros documentos.

Las revistas partidarias tenían ya un lugar alrededor de los clubes -como la ya existente de Boca Juniors-, pero la dimensión que adquiriría River, en tanto medio partidario pero no oficial, puede observarse en el análisis de sus primeros números, que irán prefigurando el perfil de la revista y a su vez, a la revista en sí como expresión de un club, pasible de ser abordado como espacio de conformación de una cultura específica, una institución en la cual se observan prácticas y vivencias concretas, a la vez que significados y valores.

River se presenta como llamada a ocupar un espacio vacío, lo que viene a realizar con un fuerte compromiso afectivo, una concepción moral vinculada a la justicia y a la razón asentadas en el deporte y en la cultura atlética general -de la cual el club River Plate sería el mejor exponente- y como una voz, también, de índole pasional y partidaria. Ello se observa en la fuerte glorificación, tanto de la historia futbolística del club como de sus simpatizantes y en la defensa enconada de la institución frente a “los de afuera” pero también frente a algunos “de adentro”, principalmente ciertos hinchas de fútbol. Dice el primer número: “Respaldados por tan gloriosa tradición, los dirigentes actuales y los futuros no pueden fracasar; cuando sientan decaer sus fuerzas, les bastará recordar el valor, la fe y la confianza que en River Plate pusieron los hombres que lo llevaron de la Boca a la Avenida Alvear o los que proyectaron y construyeron, sin dinero, nuestro Estadio Monumental”.

En sus páginas se ven reflejadas, además de las noticias del equipo de fútbol, las actividades deportivas, sociales y culturales del club –que incluían la sección “La mujer en River Plate”, fotografías de las distintas actividades, entrevistas a jugadores o hinchas reconocidos de la farándula del momento, los vínculos con los poderes públicos y, de manera muy marcada en los primeros números, la voz de los dirigentes liderados por Antonio Liberti, quienes se encontraban abocados a la compra de un edificio como nueva sede social en el centro de la ciudad, complemento del Estadio Monumental.

Con un lenguaje epocal de tono militarista y realizando un llamado a la movilización y al deber de los socios -aunque no basado en un sentido bélico sino antes que nada institucionalista y de tono cívico, dirigido al compromiso pasional para con el club-, River nos muestra en su número inicial una fotografía cuyo marco es una recepción antigua con un teléfono en la repisa, dos columnas a los costados y, como eje central delante de la recepción, una gran maqueta de un edificio de más de veinte pisos. Entre las columnas y en la parte superior cuelga un cartel con la siguiente frase: “Movilización!! CRUZADA RIVERPLATENSE 1944-1945. Conozca los postulados de esta cruzada. Firme el libro de oro de River Plate…! Cumpla la orden de movilización social. Entérese de su misión en la Cruzada Riverplatense 1944-45”. Ya en su número 4, la revista expresa: “….ha sido públicamente CONVOCADO….a la colaboración colectiva para solicitarle el cumplimiento de DOS OBLIGACIONES: Primera: PRESENTE UN SOCIO NUEVO. Segunda: AL EFECTUAR EL PAGO DE SU CUOTA MENSUAL, ACEPTE CONJUNTAMENTE UN BONO PRO-ADQUISICIÓN SEDE SOCIAL POR VALOR DE UN PESO, DURANTE EL PERIODO ABRIL 1944-DICIEMBRE 1945….”.

En 1944, se trata aún de la guerra en el mundo y de un gobierno militar en Argentina; y en este contexto se inserta la idea de un club -comprendido como parte de la sociabilidad y del capital social de una comunidad- apelando a la movilidad social de los socios que lo componen, como centro de la idea de engrandecimiento y progreso.  Podríamos preguntarnos si no hay en ello esbozos de las futuras apelaciones a la movilización civil del peronismo por llegar, la que tendrá un eje diferente pero que abrevará, también, en la idea de movilización general.

En sus primeros números, el discurso de la revista se vuelve casi simbiótico con el del club y sus dirigentes, principalmente en la fuerte apelación a la propia historia y a la tradición del club y también, en la  dimensión política, actuando como portavoz cuasi oficial, mostrando a River Plate como una comunidad política armónica y de puertas abiertas (con la excepción de lo que ocurre ciertos días de partido, cuando el fútbol provocaba otro tipo de reacciones). Pero a los dos meses de su salida., River parece obligada a expresar en la editorial de su número 9, titulada “Ni Libertistas ni Degrossistas”: “No somos oficialistas obsecuentes, ni recalcitrantes opositores. Y para traducir en dos nombres, donde al parecer se concentra la puja de tendencias en la entidad, diremos que no nos consideramos ni `Libertistas`, ni `Degrossistas`. Simplemente, no quisimos colocarnos de entrada en un terreno de enconada crítica, porque considerábamos que en pleno campeonato, y en momentos de terrible incertidumbre, podría convulsionarse aún más el agitado ambiente del club. Tal vez por ello para algún desaprensivo socio, nuestra clara posición le haya resultado de benévola condescendencia”. Había transcurrido poco tiempo de su aparición para que, a la luz de su fuerte repercusión y acogida en la comunidad riverplatense, River se viese inmiscuida en la cuestión política, la que tendría su máxima expresión en la elección de diciembre de ese mismo año y en la que triunfaría el oficialismo de Liberti, lo que significaría también el regreso al seno de la Comisión Directiva de Leopoldo Bard, fundador y primer presidente del club.

Pese a ello, luego del acto electoral, la revista muestra a opositores y oficialistas en amable camadería riverplatense -algo quizás difícil de pensar para los tiempos actuales-, situación que River nos muestra privilegiadamente, al igual que otras cuestiones de un club atravesado por hechos, personas, conflictos y dimensiones específicas que le han dado vida y en las que, probablemente encontremos hoy ciertas líneas de continuidad con ese pasado, aún bajo distintas circunstancias y actores. Asimismo, en el  número 2, se observa tanto a Aníbal Troilo como Luisa Vehil con la revista en sus manos, cuyas líneas comenzaban a ser escritas por periodistas con el estilo elegante y erudito de la época. Por River pasarán, con el andar de las décadas, importantes y reconocidos hombres del periodismo deportivo –entre quienes, y en un lugar central, se encontrará Roberto Neuberger, muchos años director de la misma- quienes se formaron y lucieron en sus páginas, al calor de un medio gráfico cuyo estilo y contenido, acordes a tiempos ya idos, siguen resultando añorables e importantes como fuente de conocimiento y de acercamiento al pasado.

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