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Mario Daniel Vega
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Mario Daniel Vega
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Nombre completo: Mario Daniel Vega.
Apodo: indiok
Fecha de nacimiento: 3-6-1984.
Lugar de nacimiento: Cultral Có, Argentina.
Nacionalidad: Argentina.
Posición: Arquero.
Pierna Habil: zurda
Altura: 1,89 metros.
Año del debut: 2006
En river desde: 2007
Debuto en Nueva Chicago el 11 de junio de 2006 en la victoria su equipo por 3 a 2 sobre Argentinos Juniors. En 2007 fue fichado por River Plate por sus buenas actuaciones en los partidos, es suplente detrás de Juan Ojeda.
Debuto en la primera de River Plate en el segundo tiempo contra Gimnasia y Esgrima de Jujuy después de una lesión de Juan Ojeda..
(2006-2007) Nueva Chicago (Argentina)
(2008-Presente) River Plate (Argentina)
(2008) Torneo Clausura Argentino 2008 con River Plate
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Entrenando, (:

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Para los que quieren conocer mas del indio vega:
aprox. de la fecha: 30-jul-2009
El violero de la banda
Conocé la otra cara de Vega: su pasión por la guitarra, el profesor que comparte con Ahumada, su gran amistad con Ojeda y sus ganas de que River no necesite otro arquero. ![]()
Más Indio que nunca. Así se siente Daniel Vega por culpa de su básico vocabulario inglés. Apenas se anima a balbucear un yes, un sorry o un osado please. Sin embargo, esas pocas palabras no le alcanzan cuando quiere pedirle alguna comida a las camareras del hotel o cuando se acerca a la recepción para explicar que su tarjeta no abre la puerta de la habitación. "El otro día fuimos al shopping y me lo puse a Chichizola al lado porque sabe hablar bien, así me hacía todas las gestiones", cuenta el ex arquero de Chicago, que nunca había viajado tan lejos para hacer una pretemporada. "Está bueno Canadá, pero los días se hacen largos cuando las costumbres no son las mismas y te aburrís un poco. Igual, vinimos a trabajar y hay que mentalizarse en eso", dice el dueño del arco de River, el grandote que se revuelca una y otra vez en los exigentes entrenamientos bajo el picante sol de Edmonton.
-¿No te dan ganas de estudiar idiomas cuando te das cuenta de que no te podés comunicar?
-Sí, cada vez que salgo pienso "qué burros somos". Pero si a ellos les preguntás si saben español, te dicen que no. Así que estamos en la misma. No, en serio, sería bueno. Apenas sé un par de palabras gracias a mi novia.
-¿Y cuando tienen tiepo libre, cómo te arreglás?
-Y... Prendés la tele y no entendés mucho, así que el otro día nos prendimos con la Play, que la compraron los chicos porque estaba barata acá. Pero llega un momento en que te cansa también. Yo tengo mi computadora y me pongo a hablar con mi novia, mi familia, mis amigos. O escucho música.
-¿Y en Internet a qué páginas entrás?
-No soy de navegar mucho. En mi casa me meto a lacuerda.net para sacar acordes porque estoy estudiando guitarra, pero no soy de mirar los diarios ni otras cosas. Chateo mucho y mis amigos me preguntan cómo es Canadá.
-¿Y qué les contás?
-Que es lindo.
-¿Trajiste la viola?
-No. Y me va perjudicar un poco. Mi novia me dice que cuando vuelva me voy a poner pesadísimo. Ya le avisé a mi profesor, Tomás, que deberá tenerme un poco de paciencia.
-¿Te gusta la guitarra eléctrica o la criolla?
-Tenía una criolla que me prestó Leandro, un amigo que toca en una banda que se llama Mareadores. Y mi novia me regaló la eléctrica para mi cumpleaños.
-Ah, se castigó sola. Y después se queja.
-Le dije: "¿No me aguantás con una y me regalás otra? Peor". La verdad, fue un regalo muy lindo y estoy enchufadísimo.
-¿Qué temas estás tratando de sacar?
-Estoy con los acordes de Como un cuento, de Divididos; Veneno, de La Renga; y alguno de Redondos.
-¿Te vas a juntar con Ahumada a tocar?
-A Oscar también le gusta. Cuando se enteró de que estaba yendo a un profesor, me pidió el número y ahora toma clases.
-¿Y a Ojeda lo suman?
-Le dije, pero quiere tocar la armónica. Macelo es medio vago... Encima, la novia lo puso a estudiar inglés.
-No es fácil la armónica.
-No sé, pero él la ve más fácil que a la guitarra.
-¿Y quién maneja la música en el plantel?
-Con Ariel volvió la cumbia. Somos pocos los rockeros ahora. Oscar, yo y el Muñe: también le gusta el rock nacional. En el micro nos sentamos juntos y compartimos bastante. Cuando puedo, pongo Los Piojos, La Renga, Los Redondos. Pero un ratito y chau.
-¿Bajás de la habitación con tu equipo y lo tenés que entregar?
-El equipo es de Cabral. Y si lo agarra Ariel, olvidate: pone Leo Mattioli, Dalila..
-Y sin Ojeda se te hace difícil para aguantar...
-Sí. A Juan lo extraño porque es un amigo, compartimos muchas cosas fuera de la cancha y la habitación en las concentraciones y los viajes. El domingo hablé con él y estaba muy bien. Por suerte pudo nivelar los glóbulos y eso me pone contento. Se lo escucha bien y seguramente cuando volvamos se va a acoplar al grupo. Me da mucha alegría que esté con nosotros otra vez.
-¿Y cómo te llevás con Marinelli y Chichizola?
-Muy bien. Con Marcelo (Ojeda) siempre los cargamos porque son coquetos. Combinan los botines con los guantes.
-Igual que vos y Ojeda...
-Nosotros nada que ver, ja. Pero son dos pibes bárbaros que se matan en los entrenamientos. Trabajan y escuchan muchísimo.
-¿Cómo son?
-Gonza tiene un estilo más parecido a Costanzo, es más loco para salir. Chichi es más sobrio y tiene cosas de Carrizo, como dijo Pipo. Los dos son muy buenos arqueros.
-¿Te sentís más tranquilo al pelear el puesto con dos chicos?
-No. Algunos pueden pensar que estoy relajado porque no tengo competencia, pero si no rindo y los chicos andan bien, atajarán ellos. La competencia existe siempre. El otro día Chichi demostró que puede atajar. Y además está mi autoexigencia: tengo que rendir en cada partido. Si no, me van a sacar.
-¿Te sentís el titular?
-Cada vez que entro a la cancha me siento el arquero de River porque es algo que soñé de chico. Pero tengo que mantener los pies sobre la Tierra, mejorar y darles confianza a mis compañeros.
-¿Te modifica en algo que venga Navarro u Orión?
-No, nada. Tal vez a los chicos les puede cambiar. Yo mostré cuáles son mis condiciones. Quería tener mi oportunidad, me la dieron y terminé jugando. Después, si la competencia es mano a mano y el que está mejor juega, no habría problemas.
-¿Gorosito te dijo por qué pidió un arquero?
-No. Lo sé por lo que se comenta en los diarios. Tampoco preguntaría. Tengo que trabajar y demostrar que estoy para jugar.
-¿Te gusta mirar a otros arqueros? ¿Lo hacés?
-Sí. Trato de sacar cosas de todos. Me gusta el estilo de Cech, del Chelsea. Y Chilavert fue uno de los que más me gustó. Sobrio y con mucha seguridad.
-¿Quién es el mejor ?
-Julio César. Y aunque está un poco viejito, a mí me gusta Buffon. De los argentinos, Carri es el mejor. Andújar también está pasando un buen momento, pero Carrizo es sin dudas el arquero de la Selección.
-¿Te gustaría transmitir lo mismo que Carrizo?
-Sí. Y que confíen en mí, que termine un torneo y no se hable tanto de los arqueros. Eso sería lindo. Con Ojeda nos corregimos errores para cuidarnos.
-¿Y qué corregiste?
-Mejoré en estar más tranquilo en los mano a mano, en no salir tan apresurado y en ordenar a la defensa. Con Marcelo queremos cuidarnos el puesto porque si andamos bien, no hará falta que lleguen otros.
Te amo, (L)

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Nota publicada en la edición febrero 2010 de la revista El Gráfico
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Dos partidos en dos años son una estadística capaz de tumbar al más pintado. Y ni hablar si uno recién está empezando a gatear en el fútbol. Con dos partidos jugados en dos años de inferiores, Mario Daniel Vega armó su bolsito en la Ciudad Deportiva de San Lorenzo y rumbeó hacia el sur, para su Cutral Có natal y querida, en la provincia de Neuquén. No pensaba volver a Buenos Aires. Ni a San Lorenzo, que lo había dejado libre, ni a ningún otro club. Era demasiado sacrificio para tan poca recompensa. Dos partidos en dos años, dejate de joder.
DE MATADEROS al Monumental sin escalas. Ni él pensó que iba a tener esa oportunidad.
“Mi intención era no jugar más, estaba muy bajoneado, decepcionado, sin entender la lógica del fútbol: me había roto el alma y sólo había atajado dos veces. Pensaba quedarme en mi ciudad a estudiar. Y a laburar, porque de vago no iba a vivir. Hablé con mi viejo. Me dijo que pensara bien qué quería hacer, que ellos me iban a apoyar siempre en la decisión que tomara, pero que no me dejara vencer y apostara a lo que me hiciera feliz. Mi vieja siempre quiso que me quedara allá, incluso si le preguntás hoy, te dice lo mismo, pero en fin, agarré coraje y vine a probar suerte otra vez a Buenos Aires. Al poco tiempo entré en Chicago y después la historia ya es más conocida”.
El puesto de arquero es especial. Salvo caso de lesión, no existe la chance de ingresar en medio de un partido, de jugar un tiempo, de sumar minutos, de ir calentando motores para mostrarse ante el público. Ahora, ver cómo desfilan en forma completa 52 partidos en una temporada y no poder ni siquiera entrar al rectángulo de juego un mísero minutito, y recibir como máximo galardón la posibilidad de sentarse 9 veces en el banco de suplentes (ver recuadro), conforman una estadística capaz de aniquilar al más optimista.
Eso le ocurrió a Mario Daniel Vega en su primera temporada en River, la 2007/08, con Passarella primero, Gabriel Rodríguez después y el Cholo Simeone al final. Desde aquel momento hasta no hace demasiado, Vega siempre pareció ocupar el casillero fijo de “tercer arquero”. Llegó en tal condición, cuando por arriba tenía a Ojeda y Leyenda; bajó un escalón (4°) cuando Juan Pablo Carrizo regresó de Italia; y en las dos últimas ocasiones, cuando contrataron sucesivamente a Mariano Barbosa y a Nicolás Navarro, todos con roce europeo e importante envergadura física, la sensación es que en el club no le tenían demasiada confianza, por no decir ninguna, como si se diera por descontado que al Indio Vega no le diera el piné para ser el uno de River.
“No entré ni un minuto en mi primer año en el club pero me había puesto en la cabeza que no me iba a ir de River sin haber jugado un partido, sin al menos saber qué se siente defender esos colores. Así que traté de aguantármela, junté coraje como cuando era pibe, jugué en Reserva, que me ayudó muchísimo, y me maté entrenándome para esperar mi chance, que en algún momento se tenía que dar”.
El que habla, claro, es Daniel Vega, hoy por primera vez en funciones como arquero titular de River. Con una bolsa de hielo en la rodilla para amortiguar los efectos de una tendinitis molesta, siente que al fin se ha escuchado su deseo gritado en forma de plegaria. “Ojalá termine un torneo y no se hable tanto de que River necesita un arquero”, se había ilusionado Vega hace unos meses. Hoy, al fin, esos deseos se hicieron realidad.
¿Te reconforta, te alivia o te motiva que River no busque un arquero?
-Gracias a Dios no se habló tanto como pasa en cada final de temporada. Me reconforta y me da alegría que no se nombren tantos, significa que valoraron lo que hice. El jugador, al irse de vacaciones, se fija qué piensa el entrenador y la dirigencia, y en este caso pude disfrutar las vacaciones un poco más tranquilo que otras veces. Igual sé que la debo luchar, aunque no venga ningún arquero tengo una gran responsabilidad y siempre se puede mejorar. Sé que si me quedo con lo que hice el semestre pasado y me tiro a chanta o me creo que el puesto está asegurado, voy para afuera. No se puede bajar la guardia, es necesario estar atento para dar lo mejor.
-¿Astrada te dijo que ibas a ser su arquero?
-Al poco tiempo de asumir, un día Astrada me puso para los titulares y Javier Sodero se me acercó a hablar y me dijo que me tocaba esta oportunidad. Fue muy lindo el respaldo que me hicieron sentir. No me aseguraron nada, porque la titularidad no te la puede asegurar nadie, te la vas ganando vos con los partidos, pero me sentí muy respaldado por este cuerpo técnico, más allá de que pueda salir del equipo en algún momento por bajo rendimiento. El respaldo se siente en el modo que tienen de transmitirle al jugador la tranquilidad. No me han dicho: “Daniel, vos acá sos el arquero y no te saca nadie”, pero con los años uno se da cuenta.
-¿Qué te aportó Sodero?
-Estimula a corregirnos. Al día siguiente del partido, te saca aparte y te marca detalles de las jugadas, si fue culpa tuya o no, como escuchás del periodismo. También me pide que intente salir jugando con los pies. Las palabras de él me dejan tranquilo y me enseñan. Eso afuera, después, adentro de la cancha el arquero es como el boxeador, está solo en el campo. Por un lado el equipo; el arquero, aparte, tratando de cuidar el arco y nada más..
INDIO PINTADO EN LA PIEL. El arquero de River cuenta que sólo tiene 3 tatuajes. Este es una síntesis del Apocalipsis.
“¡Scoponi, brillante Scoponi!”, gritaba el Chino Vega en las canchitas peladas de Cutral Có. “En mi ciudad no se conoce el significado de la palabra ‘pasto’, hay mucho viento y el clima es seco. Yo tenía que atajar con dos buzos para no pelarme todo”, asegura entre sonrisas, con ojos achatados que delatan a simple vista el porqué de su apodo de infancia. ¿Y por qué le dirán Indio, entonces? “Bueno, me parece que los rasgos están más que a la vista, ¿no?”, contesta y vuelve a sonreír. “Me lo puso un señor en la pensión de Chicago. Siempre me gustaron las cosas vinculadas a los indios, los pibes me preguntaban si tenía algo que ver con ellos, si era descendiente de alguna tribu. Y no, nada que ver, pero si lo hubiera sido lo contaría con mucho orgullo”, explica sin dudar, y al mismo tiempo enseña su tatuaje mayor, el que le asoma por debajo del hombro izquierdo, un indio mohicano. Y enseguida muestra el segundo, un calendario maya en su pierna izquierda, mientras recuerda que antes, ahí mismo, había otro tatoo de los Redonditos de Ricota, que no sólo reflejaba su afinidad por el rock and roll, sino que servía para sumar otro aborigen a su colección: el Indio Solari.
En fin, de cualquier modo, ¿a quién se le podía ocurrir identificarse con Scoponi en una lejana ciudad del Interior, donde o sos de Boca o sos de River o con suerte de los otros tres grandes? Pues Danielito no gritaba “Navarro Montoya” ni “Islas”, ni “Comizzo”, ni “Fillol”. Sus amigos lo miraban como si enfrente tuvieran a un marciano recién llegado del espacio. “Era para gastar a los de Boca. Un tiempito atrás, Newell’s les había ganado la final del campeonato en la Bombonera con los penales atajados por Scoponi y esa imagen me marcó, además siempre fui hincha de River, como todos en mi familia salvo Javier, uno de mis tres hermanos, el contrera de la casa. Y era un hincha bastante fanático”, aclara, y ante la duda de ser considerado un vende-humo oportunista, cita testigos para ser indagados en la causa. “Andá al buffet de Chicago y preguntale a Bernabé, el dueño, las que se armaban en los River-Boca, cuando mirábamos los partidos ahí. Nos matábamos. Por supuesto, nadie tenía el codificado así que nos juntábamos en el club o en un bar a ver el partido y la cosa estaba dividida. Obvio que el cariño por Chicago siempre va a estar, pero en las ciudades chicas somos casi todos de Boca o River. A mi papá le encantaba Funes. Estando en la pensión de San Lorenzo vine a ver a River campeón en 2002 contra Argentinos, fui a la San Martín alta y grité bastante”, detalla, y recibe el veredicto favorable del juez.
HASTA en el festejo de los goles los arqueros son especiales. Y deben gritar en soledad.
Cuarto y último hijo de una familia de laburantes, el padre es empleado municipal; y la madre, encargada en la cocina de una cooperativa de luz. Se podían considerar afortunados, ya que tener trabajo en Cutral Có no era sencillo, sobre todo cuando la fiebre privatizadora llegó a YPF, dejó a miles de personas en la calle y las rutas de la zona vieron nacer un fenómeno que luego sería una pesadilla en las grandes ciudades: el de los piquetes.
“Cuando tenía 13 años y jugaba en Buenos Aires, llegaba a Neuquén y acompañaba a un primo a repartir gaseosas en un camioncito. En Chicago, para juntar unos pesos para ir a bailar, lo ayudábamos a Bernabé en el buffet: preparábamos las ensaladas y servíamos la comida”, recuerda. Eso sí: el Alianza era un club vedado para su estatus: “Estaba en un barrio muy bien ubicado, entonces ahí jugaban siempre ‘los hijos de’, y después estaba el otro club, donde todo era más a los ponchazos, el Petrolero Argentino”.
En sus comienzos, de todos modos, el flaquito que crecería hasta 1 metro 89, tenía en su mente la obsesión del gol. “Me gustaba jugar adelante y me iba... más o menos, era de esos delanteros pata de palo que meten goles de cabeza. De esos. Siempre pedía que me tiraran centros hasta que una vez fuimos a jugar un campeonato de barrio, faltaba el arquero y como también me gustaban los guantes, atajé. Anduve bien y quedé”.
-¿Hasta dónde creés que hubieras llegado como delantero?
-A River seguro que no (respuesta intuitiva, casi de reflejo), así que no me arrepiento del cambio. Siempre pensé que los puestos más lindos son los de arquero y delantero. La sensación de hacer un gol debe ser increíble. Les pregunto a los chicos qué sienten. Y arquero está bueno, también. Si bien es un puesto ingrato, porque no tenés margen de error, mandarte una volada es hermoso. A veces los jodo a Ferrari y Villagra, les digo que el 3 y el 4 no existen, no hacen nada, por ahí un gol cada tanto. El arquero, en cambio, es otra cosa.
EN EL VERDE de Benavídez, se ríe de sí mismo cuando dicen que los rasgos de Indio están a la vista. En Cutral Có le decían Chino.
-¿Cómo llegaste al club? No es común saltar de Chicago a River...
-Hasta yo me sorprendí, porque además venía de ser suplente un campeonato entero con la llegada del Mono Navarro Montoya. Así que pasé de ser suplente en Chicago a que me comprara River. No entendía nada.
-¿Y con qué expectativas llegaste: fija como tercero o con ilusiones de pelear?
-A mí me dijeron que apostaban a un arquero con futuro. Me la veía difícil. Siempre que quedábamos dos se hablaba de otro más. Es muy jodido ser tercer arquero, no concentrarse, los golpes son duros, se sienten y en un punto te empezás a agotar. Eso sí, en estos casos tenés que matarte laburando y el día que te dan una chance, la tenés que romper.
-¿Cuándo sentiste que te empezaban a considerar, que confiaban en vos?
-Recién ahora siento que me he ganado el respeto y la confianza de mucha gente, después de romperme el alma siento que mucha gente me banca. Yo, de chico soñaba con llegar a Primera División. Y el día que entré por primera vez a una cancha, con Chicago, fue algo muy emocionante. Es increíble, pero todavía hoy me pasa que cada vez que entro a la cancha con esta camiseta, me siento, no sé, el más grande del mundo, te parás frente al arco y ves la gente atrás y a tus compañeros con la camiseta de River y me sigo emocionando como el primer día. Pienso en lo que debe sentir mi viejo. A veces me gustaría estar en la piel de mi viejo, viendo al hijo jugar en la Primera de River. Debe ser algo impresionante.
Rockero por influencia de su hermano mayor, le toca librar en el vestuario una batalla desigual y casi perdida contra la cumbia y sus derivados. Con profesor de guitarra, anda tratando de sacar “Como un cuento”, de Divididos, y destaca que le gustan las bandas en las que suenen mucho las violas. Su Tope five incluye a La Renga y Divididos entre los locales; y a Pink Floyd, AC/DC y los Rolling Stones entre los de afuera.
-¿Se palpa un cambio de clima en el club con el nuevo presidente, un aire renovado?
-Sí, es obvio, arranca un nuevo ciclo con una nueva gestión y puede ser que haya otra energía en el ambiente.
-¿Te preocupa el promedio?
-No, porque sé la calidad de jugadores que hay en el plantel y porque estoy convencido de que vamos a hacer un buen campeonato
-¿En qué basás tu optimismo? Son casi los mismos que el año pasado.
-Veo que el grupo se hizo muy fuerte en este tiempo y también noté que crecimos en lo futbolístico con la llegada de Leo. Algunos menosprecian el plantel que tiene River pero muchos chicos que están acá ya fueron campeones, entonces para mí todo pasa por rachas que van teniendo los jugadores. Fue un golpe muy duro terminar últimos, perdimos la confianza y muchos bajaron el nivel. Pero ya está: somos River y tenemos la obligación de pelear el campeonato, no hay otra.
-River anda buscando un nueve, ¿no te dio para hablarle a Astrada?
-No, no (risas), River necesita un buen delantero. Aparte... hay que cuidar el lugar que uno se ganó, ¿no te parece? .
nota publicada28/09/2011
Vega: "No le pediré explicaciones a Almeyda
El arquero de River, completamente recuperado, aceptó que no hablará con el Pelado y que trabajará en la semana para recuperar el lugar que se ganó antes de la lesión en un hombro, previa al debut contra Chacarita.
"Yo nunca me meto en el trabajo de los entrenadores, en ningún momento le voy a pedir una explicación de nada. Por medio de los entrenamientos, voy a demostrarle, como quien, dice que se equivocó en la decisión, respetando a Chichizola", indicó Daniel Vega.
Además, elogió a su compañero, actual titular: "Lo veo bien. No tuvo mucho trabajo, pero respondió bien y Almeyda prefiere darle continuidad. Y yo la voy a pelear como lo he hecho siempre. Tendré que esperar mi oportunidad y espero que a Leandro le salgan bien las cosas”.
En declaraciones a “Los más grandes”, por Cooperativa, tampoco ahorró elogios para el cuerpo técnico: “Me ha ayudado a recuperar la
confianza que hace rato no tenía. Almeyda ha sido siempre una persona que es abierta al diálogo".
Por último, dijo que ir al banco es una posibilidad que aceptará sin problemas: “Nunca diría que no, por respeto al plantel”.
A partir de flojas actuaciones del arquero titular, Leandro Chichizola, Almeyda considera la posibilidad de otorgarle el puesto titular de arquero a Vega. Finalmente arranca atajando en el 2012 en los partidos amistosos de verano perfilandose como títular para el torneo. Es así como en el final de la primera parte del torneo b nacional, ataja frente a Almirante Brown en Casanova, obteniendo un 1 a 1 de resultado final.
Nuevamente Relegado ya en primera división
Una vez alcanzado el objetivo del volver a primera división, llega el arquero Marcelo Barovero proveniente de Vélez para pelear el puesto. El primer partido del Torneo Inicial 2012 fue contra Belgrano y River perdió 2 a 1 en el Monumental con un grosero error del arquero en el primer tanto anotado por el rival.
Finalmente en el segundo cotejo, Barovero fue titular y respondió con seguridad en la victoria de River frente a Estudiantes por 2 a 0 de visitante.
