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Las Dos Hinchadas Corearon Amadeo

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Las Dos Hinchadas Corearon Amadeo

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Amadeo. Un hombre que da la medida de un arquero modelo. Sus triunfos. Sus derrotas. Una forma de atajar y de jugar desde el puesto mas ingrato del fútbol. Todo lo fue, a lo largo de una carrera brillante como pocas.

 

Las cincuenta mil personas, extrañamente unidas, parecían  undir en silencio una confabulación a favor del ídolo. Era el 14 de julio de 1968. Jugaban Velez y River, en Liniers y se diría que, desde los veinte minutos, a ninguno de los cincuenta mil espectadores le interesaba el partido. Todos, sin tener en cuenta banderías, miraban a esa armoniosa mole humana, de cabello canoso y gorra, que paseaba pacientemente por el borde su área y seguía casi de reojo lo que ocurría unos metros mas allá, en la misma cancha. Tres minutos después la gente coreo, acaso como nunca, el nombre de ese portentoso arquero-jugador. El se sacó la gorra, extendió emocionando su tembloroso brazo derecho y la mano izquierda se dedico a enjugar lagrimas (“se me puso la piel de gallina y llore como un pibe “).

     

El partido pareció detenerse, unos cuantos compañeros le tendieron el abrazo apurado, y aquel grito de “¡A-ma-deo! ¡A-ma-deo!” cubrió Liniers. A los 42 años de edad, había mantenido durante 769 minutos el arco invicto, un episodio que lo hizo reflexionar así: “Fue la revancha de tantos locos que hemos elegido alguna vez el puesto maravilloso e ingrato de arquero. La revancha de muchos goles sonsos, de aquellos partidos donde uno ataja una barbaridad y en el balance queda el recuerdo de un gol estúpido o en contra...” Pero esa misma tarde, un muchacho, mas de veinte años menor que el, corto la serie increíble: “No importa. El récord queda a pesar del gol de Carlitos Bianchi”, comento.

La tribuna, la calle, había borrado su apellido por idolatría, una adhesión alimentada por su personalidad, o por la dimensión inconmensurable de su vigencia. Era Amadeo. Pero para ser solo Amadeo, en lugar de Amadeo Raúl Carrizo, hubo de protagonizar una cuantas hazañas. Por ejemplo, deslumbrar con su malabarismo de pies y manos en los peloteos previos a cada partido. A ser uno de los futbolistas que mas partidos actúo en el profesionalismo (522). O el único arquero que integro seis equipos  campeones (1945, 1952, 1953, 1955, 1956 y 1957). O haber prolongado su vida deportiva hasta los 44 años (en Colombia). O, lo mas importante, atajar –jugar- como un genio y convertirse en un maestro indiscutido.

Este gigante de pantalón corto, un intuitivo, dueño de la jugada inverosímil, amado por los apologistas de la espontaneidad, también fue atacado con pasión. Cortar al adversario con un cabezazo, atajar con una mano, o gambetear en la puerta de su área, eran alardes insólitos para los primeros tiempos de su campaña (1945-1968). Esa personalidad, aparentemente desbordante, no le servia, sin embargo, para asumir el caudillaje de su equipo. Era un guardavalla inmensamente dotado, pero tenia su carácter que le acarreo no pocas dificultades en algunos tramos de su campaña. Porque a veces se enojaba: por ejemplo, ante las ingenuas trampas verbales de Juan Carlos “Pichino” Carone, un pícaro wing que vistió varias casacas.

 

Sanfilippo, Valentim, Borello: los duelos.

En duelos con José Sanfilippo, José Borrello o Paulo Valentim alcanzaron otra dimensión. “Ganamos y perdimos”, reconocieron los protagonistas de estas historias. El “Nene” Sanfilippo –San Lorenzo de Almagro, Boca Juniors- fue, junto con Infante –Estudiantes de La Plata- quien mas veces lo venció (10). Ambos se enojaron mucho dentro de la cancha, fueron amigos ya en la calle. Los enfrentamientos con ellos o con “Pepino” Borello –Boca Juniors- rozaban un riesgo que Carrizo asumía en otra faceta de su personalidad:  eran tardes de embriagadora adhesión popular, y el, con un dominio de pelota estupendo, encaraba la porfía, la gambeta o el amago, sin pensar que era el ultimo escollo y que, como tal, no podía cometer errores fatales.

Casi de su aparición en 1942 en una cancha de fútbol de Rufino, no solo se lo considera arquero, sino el mejor libero del equipo. Esto tiene conexión con si idea de jugar, no de atajar exclusivamente, pero a la vez las defecciones de sus compañeros lo obligaban a menudo a salir a la descubierta. Por eso critica duramente a José Manuel Ramos Delgado (“cuando me peloteaban los adversarios, me abandonaba, no me respaldaba”) y defiende con ardor a Ricardo Vaghi (“siempre fue leal, trato de cubrirme y se planto firme en el área, como debe ser”).

De pronto, Amadeo, el pintón del Club, encubría flaquezas como aquella previa a su clamorosa actuación con el seleccionado nacional argentino en la Copa de las Naciones jugada en Brasil (1964) cuando fue convocado a los 38 años de edad y 24 de arquero. Tuvieron que amenazarlo entre Ratin y Varacka dentro de un ascensor, para convencerlo de que jugara el encuentro final y decisivo frente al Brasil de Pele. Decía que le dolía la rodilla pero tenia miedo de fracasar. Y sin embargo tuvo una actuación  suprema, con una valla invicta . incluso absorbió (1958) los seis goles de la selección checoslovaca infligidos a la Argentina en lo que se llamo “el desastre de Suecia”. Hacia el final de su vida deportiva hubo controversias con dirigentes de su club, y hasta se le negó (septiembre de 1971) su condición de socio, porque no había presentado sus disculpas a raíz de un incidente. Por entonces, Amadeo seguía distanciado de la administración Kent, que lo margino de la entidad, después de un largo periodo en que veía el partido desde el banco de los suplentes.

 

Un centro delantero archivado.......

Caprichoso o no, irascible en todo caso, es considerado como uno de los mas grandes arqueros argentinos de todas las épocas. Había sido delantero central en los baldíos se su Rufino natal – donde también había nacido Bernabé- en la provincia de Santa Fe, y su primera casaca amateur fue la de “El Fortín”. Era un pibe de 10  años (nació el 12/5/1926), alto, delgado, y no le interesaba marcar muchos goles, sino prepararlos. Un amigo de la época, “Bombón” (por lo gordito) Torres, lo llevo al Buenos Aires Pacifico, de Rufino. Tenia 16 años y allí si, se definió como arquero, después de ser el numero 9 de la cuarta y la tercera en la liga local. Una carta del ex atleta Hector Berra para Carlos Peucelle, le posibilito probarse en River (6/5/1943). Integro una de las tres cuartas de entonces, anduvo bien y quedo para siempre.

 

La historia fascinante.

Su anhelo inicial era alcanzar la tercera división. Lo confirmaron (1944) y salió campeón, con una formación inolvidable (“Yo, en el arco... Después, la pareja de zagueros, Coccione y Robustelli; Stemberg, Nestor Rossi y Bernasconi; Genaro o Di Stefano, Curti, Joaquín Martinez, Coll y Sabastella).

Al año siguiente, siendo todavía jugador de tercera, debutó inesperadamente en primera (6/5/45). Tenia 19 años. Ese día River venció a Independinte –de pibe, el club de sus simpatías-, por 2 a 1, con esta formación:  Carrizo, Vaghi y Rodriguez; Yacono, Giudice y Ramos; Muñoz, Gallo, Pedernera, Labruna y Loustau. Camilo Cerviño le marco el primer gol en primera división. Siete días mas tarde repitieron el score frente a San Lorenzo. Después regreso a la tercera, aunque con el retiro de Soriano (1947), escalo a reserva. “Y en 1948 -revela- ya me considere titular en primera, porque jugué la mayoría de los partidos”. Allí nació la gran historia que incluso en mayo de 1974, a los 46 años de edad, ya retirado le hizo confesar: “todavía en cualquier equipo chico, podría actuar. Si deje de jugar hace poco...”

Mas de veinte años después, Amadeo Carrizo perdió la cuenta de los arqueros que contrataban en River Plate,  “para tratar de relegarme”. Y memoriza: “Gatti, Dominguez, Fumero, Ovejero, Ogando, Cammarata, Ballesteros, Rocha, Gironacci, Lopez, ¡que se yo!”. En realidad todos llegaban para ir a la reserva, porque el dueño del arco era yo. Hubo algunas insolencias de Hugo Gatti para con el viejo maestro, a quien amago postergar primero y ante quien se rindió.

El mejor año de este coloso es difícil de establecer. El mismo duda, incluso no alcanza a definir sus noventa minutos supremos (“tuve tantos buenos...”). pero el River que mas le gusto fue el de 1953: Carrizo, Perez y Guastavino; Mantegari, Rossi y Sola; Vernazza, Prado, Walter Gomez, Labruna y Loustau. Acaso, sin embargo, aquella valla invicta de la copa de las Naciones (1964), con el penal atajado a Gerson (Argentina 3, Brasil 0; Argentina 2, Portugal 0; Argentina 1, Inglaterra 0) es la que transmite su momento mas trascendente. “Por lo menos, emotivamente –comenta el mismo Carrizo- lo sentí tanto como ese record de 1968, en la cancha de Velez...”

 

Colombia, nostalgias y la dirección técnica.

Hacia 1969, Angel Labruna, un antiguo compañero de equipo a cargo de la conducción técnica, aconsejo su pase en blanco. “Decía que yo no podía jugar mas de dos o tres partidos al año –exclama contrariado-, porque quería poner a Gatti en el arco. Así le fue...”. El caso es que Carrizo, después de 26 años en River, se presento el 22 de abril de 1969 en Millonarios, de Colombia, ante el Bucamaranga. Empataron 2 – 2. Su ultima etapa como jugador se extendió a 60 partidos, incluso con otro record de invulnerabilidad para Colombia (490 minutos), y el 18/6/1970 volvió a la Argentina.

Poco después, tomo a su cargo la dirección de Deportivo Armenio (1973/1974), que militaba en primera C. En mayo de 1974, su rutina era esta: por la mañana, agente de relaciones publicas de una empresa de artículos sport; por la tarde, director técnico en Deportivo Armenio, un equipo integrado en su mayoría por empleados de esa misma casa comercial. Es decir, Carrizo-tecnico y los jugadores, tenían dos empleos y un mismo patrón. En las practicas diarias, solía ir al arco, para deslumbrar todavía a una platea restringida, pero además con la exactitud de su remate, parecía examinador de lujo ante el gurdavalla del equipo. “¿Sabes cuantos goles le hubiera hecho yo a Carrizo en mi vida, si me hubiesen puesto adelante?, imagina, jactancioso.

FICHA PERSONAL

Lugar y fecha de nacimiento: Rufino, Santa Fe, 12/6/1926.

Padre: Manuel Carrizo

Madre: María Magdalena Larretape.

Hermanos: Nelly

Casado: con Lilia Magnético, desde el 11/10/1951

Hijos: Liliana Estrella (1952) y Miriam Silvana (1959)

Comienzo Amateur: Buenos Aires Pacifico, Rufino (1942). En River 3/6/1943, cuarta división

Trayectoria en clubes: Buenos Aires Pacifico (1942/1943), River  (1943/1968), Millonarios de Colombia (1969-1970).

Partidos en primera división: 522 en River (1945/1968) y 60 en Millonarios de Colombia.

Partidos Internacionales: 24 en la selección argentina y 19 con River, en la copa Libertadores.

Director Técnico: Millonarios (1971). Deportivo Armenio (1973/1974).

FICHA TECNICA

Uno de los mejores arqueros argentino de todas las épocas. Un intuitivo, adelantado en su tiempo. el hombre que consolido la trascendencia del guardavalla - jugador. Lo llamaban “maestro” y a veces “payaso”, por sus recursos. Era arquero, pero gambeteaba, atajaba con una mano, achicaba sensacionalmente, cabeceaba... Era único.                                                                                                                                                                    

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