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Juan Ramon Carrasco
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Juan Ramon Carrasco
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JUAN RAMON EL URUGUAYO CARRASCO
Carrera deportiva de JR
Nacional 1973-1978
River Plate(Argentina) 1979-1980
Racing Club (Argentina) 1981
Universidad Autónoma de Guadalajara (México) 1982-1983
Nacional 1984
Cúcuta (Colombia) 1985
Danubio 1985
Nacional 1986
Cádiz(España)1987
River Plate 1988 (de julio a diciembre)
Peñarol 1989 (de julio a diciembre)
San Pablo (Brasil) 1990
River Plate 1990 (de agosto a setiembre)
River Plate 1991
Bella Vista 1992
Marítimo de Caracas (Venezuela) 1993
River Plate 1994
Nacional 1995 (de setiembre a diciembre)
Rampla Juniors 1996 (de setiembre a diciembre)
Nacional 1997 (de julio a diciembre)
MUFP 1998-1999
Rocha 2000
"Montevideo, 18 de julio (Télam).- Un grupo de hinchas de Nacional, flamante campeón del fútbol uruguayo, solicitó hoy a la comisión directiva que contrate como entrenador a Juan Ramón Carrasco, ídolo del club y actual conductor de River de Montevideo.
Nacional, semifinalista de la Copa Libertadores de América (perdió con Estudiantes de La Plata, luego campeón), se coronó en el torneo uruguayo tras superar en la definición a Defensor Sporting, y de inmediato se quedó sin entrenador por la renuncia de Gerardo Pelusso.
El ex director técnico de los "tricolores" renunció ayer por "haber cumplido un ciclo en el club", según declaró a los medios uruguayos, y antes de que los directivos iniciaran las gestiones para reemplazarlo los hinchas ya eligieron a su candidato.
La campaña pro Carrasco se inició en internet, según informó hoy el diario El Observador, y seguramente la comisión directiva de Nacional tomará nota y tendrá en cuenta al ex ídolo del club y ex director técnico del seleccionado uruguayo."
http://ar.news.yahoo.com/s/18072009/40/n-sports-hinchas-nacional-piden-juan-ramon.html
(yo prefiero perder atacando y no empatar colgados del travesaño)
"Huérfano de hazañas en las que inspirarse, el fútbol uruguayo viene arrastrando hace ya cuarenta años su desafilada garra charrúa por los yermos campos de juego. Desesperanzado, el pueblo futbolero se embriagó con ese fatal cóctel de tradiciones y mercado que impregna al fútbol y a tantas otras esferas de la vida social. Unas condiciones inmejorables para que crezcan y se multipliquen los profetas y ayatolás, para que pululen las teorías más extravagantes y estrafalarias sobre el fútbol y la vida. Y en eso llegó Juan Ramón Carrasco, a revolucionar el fútbol uruguayo, a hacer temblar hasta las raíces del césped. A subvertir un orden decadente, sostenido por la ignorancia. Y, como era de prever, una parte de la masa se alistó en las falanges del carrasquismo.
Ahora tenemos a sesudos analistas que nos cuentan que hay un antes y un después de que Carrasco iniciara su larga marcha como director técnico. Los hay incluso que hablan de un Carrasco inmaduro y un Carrasco maduro, como se habla de un Marx hegeliano y un Marx científico. Su escuela fueron las catástrofes de Rocha FC, Fénix y la selección uruguaya, pero en River Plate se habría operado el salto cualitativo y aparecido el Carrasco maduro, el que aprendió la lección.
River Plate les ganó durante el campeonato, conviene recordarlo para no perder la perspectiva, a todos los equipos chicos. Nombres insignificantes que tal vez nadie conozca fuera de las fronteras de este país. Bella Vista, Rampla Juniors, Miramar Misiones, Fénix y un largo etcétera, que sólo con buena voluntad pueden llamarse profesionales, sufrieron las goleadas de los dirigidos por ese Lenin futbolístico en el que al parecer quiso transformarse Juan Ramón Carrasco.
Pero las mieles de esos triunfos resultaron un espejismo: una cosa son las escaramuzas previas al asalto del poder y muy otras las batallas decisivas. Por no apartarse de su audaz libreto, el River Plate de Juan Ramón Carrasco perdió sin atenuantes contra aquellos equipos a los que debía vencer si quería ser campeón: Nacional, Defensor, Peñarol.
Resultó conmovedor asistir a la final del campeonato Clausura en la que unos jóvenes desinhibidos tuvieron a Peñarol contra las cuerdas y le endosaron tres goles, que pudieron ser un par más. Pero cuando la sensatez, el sentido común y la experiencia de los clubes más importantes del mundo recomendaban seguir aquella estrategia leninista de dar un paso atrás para poder dar dos adelante, Carrasco se afilió a la tesis trotskista de la revolución permanente. Como muchos revolucionarios inexperientes, creyó que el asunto dependía de la voluntad. Tras ir ganando por dos goles en medio del silencio de 60.000 incrédulos espectadores, siguió atacando, quién sabe si con la expectativa de ocupar la Bastilla futbolística en medio de fuegos de artificio y su nombre coreado por la multitud. El adversario sumaba atacantes, pero ante el estupor generalizado River Plate defendía con tres hombres, que trataban de multiplicarse para detener la avalancha. Pero su zaga tenía más agujeros que la frontera afgano-paquistaní y el comité central carrasquista no movió un dedo para obturar las incursiones del talibán aurinegro. Tan incomprensible e impotente resultó la actitud de Carrasco que, más que una revolución, parecía estar encabezando una misión de cascos azules. Lo que siguió fue la crónica de una derrota anunciada: Peñarol dio vuelta el partido, como Nacional un mes antes. Y Carrasco con la misma cara de desconcierto que un abadejo atrapado en un trasmallo. Eso sí, riéndose, como diciendo "si me hubieran hecho caso...". Eso es lo que pasa, que no le hacen caso. Como buen líder revolucionario, Carrasco también alimenta el culto a la personalidad. Los errores son siempre de los demás.
Es que Carrasco (y su coro de admiradores lo acompaña) se ufana de un mérito por demás dudoso: morir con las botas puestas, resistir, jamás cambiar el libreto. O sea, ¡que se agrieten los campos de fútbol, que nos trague la tierra, pero retroceder jamás! Mi credencial es la coherencia. He aquí la consigna de un idiota (sea en su versión futbolera como ciudadana).
La corrección política, que también existe en el universo del fútbol, indica que hay que rendirle tributo al fútbol lírico, ofensivo y revolucionario de Carrasco. Pero a diferencia de la política o la moral, en el fútbol no existe el deber ser ni los merecimientos ni la justicia. En el fútbol el único criterio para el reconocimiento son los triunfos. Y el gran subversivo de las tradiciones futbolísticas que pretende ser Carrasco sólo ha cosechado pequeños triunfos y monumentales derrotas.
El problema, el irresoluble problema del fútbol uruguayo es que siempre está a la espera de un Renacimiento que le devuelva las glorias pasadas, esas que supo saborear en la prehistoria de este deporte, porque, seamos francos, el primer Mundial y Maracaná pertenecen al Paleolítico. En la era moderna Uruguay apenas conquistó un cuarto puesto en el Mundial de México 70. Y cuando las expectativas son tan desmedidas como para pensar en que Uruguay puede regresar a corto plazo a la élite del fútbol mundial, la masa (convenientemente acicateada por esos nigromantes y prestidigitadores que son los periodistas deportivos) está dispuesta, como también ocurre en política, a creer casi en cualquier cosa. Por ejemplo, en charlatanes como Carrasco, capaz de sacar a un jugador a los diez minutos de haber entrado a la cancha o de ofender el buen juicio futbolístico incluyendo en sus equipos a columnas jónicas como Cono Aguiar y Nelson Abeijón, o estructuras metálicas como Germán Hornos y el ¿Hueso¿ Romero, tal como hizo cuando dirigía a la selección uruguaya. El regreso de Carrasco a la selección uruguaya que muchos ansían, bien podría terminar confirmando aquella sentencia de Marx de que la historia suele repetirse, la primera vez como tragedia y la segunda como farsa.
El fútbol moderno que se supone practica Carrasco desconoce el abecé de ese deporte, que sí dominan el Manchester United, el Chelsea, el Real Madrid o Boca, equipos que cuando tienen que defender porque van ganando, defienden. Y cuando pueden contraatacan. Entre otras cosas, Carrasco no ha aprendido aún que para atacar hay que tener la pelota, que no basta con acumular delanteros. Tampoco se dio por enterado de que nadie juega del mismo modo contra el Livorno que contra el Milan, ni contra Bella Vista como contra Peñarol. Quiso inventar la pólvora y el invento le explotó en la cara. Carrasco se quedó a las puertas del Palacio de Invierno. Con cara de abadejo desconcertado"
an Ramón Carrasco
Juan Ramón Carrasco Torres (nacido el 15 de septiembre de 1956 en Sarandí del Yí, Uruguay) es un ex futbolista uruguayo y actual entrenador. Juan Ramón Carrasco, nacido en Sarandí del Yí, departamento de Durazno, conocido como "El Pita", por comer Pitanga en su niñez, comienza su carrera juvenil en el Ñandutí, cuadro de baby fútbol y en el Club Sarandi. Debutó en 1973 jugando para Nacional deUruguay. Luego continuó su carrera en Argentina, donde jugó para River Plate y Racing Club. Además también jugo en el futbol deMéxico, Brasil, España, Colombia y Venezuela. Ha jugado para la selección uruguaya en 19 oportunidades donde marcó 3 goles. Actualmente es el entrenador de River Plate de Uruguay. Entre sus mayores logros como entrenador están la obtención de la Liguilla Pre-Libertadores cuando dirigió a Fénix durante el año 2002 donde clasificá al equipo para la Copa Libertadores 2003 y en el año 2008 donde disputó la final del Campeonato Clausura de Uruguay dirigiendo a River Plate. Entre los años 2003 y 2004, Carrasco fue el entrenador de la Selección Uruguaya pero fue cesado de su cargo luego de perder por 3 goles a 0 contra la Selección de Venezuela en marzo de 2004 por las Eliminatorias para el Copa Mundial de Fútbol de 2006. Carrasco ha sido un entrenador polémico y transgresor en el fútbol uruguayo. En Rocha, fue entrenador y futbolista del equipo al mismo tiempo. A su vez, en todos los equipos que dirigió impuso un estilo de juego ultra-ofensivo, con tácticas con un mínimo de tres delanteros y jugadas de ataque mecanizadas y pre-ensayadas. Su estilo de juego se lo conoce como el "tiqui-tiqui". Entre sus diferentes costumbres que lo dsitinguen del comun de los entrenadores se destacan: Algunos hinchas de Nacional no le perdonan el gol que le hizo el 25 de octubre a Defensor Sporting en el Torneo Clausura de 1997, ya que si ese día Defensor ganaba dejaba sin posibilidades a Peñarol de lograr cinco campeonatos uruguayos consecutivos. De este modo Peñarol obtuvo su segundo quinqueño.
Juan Ramón Carrasco
Nombre
Juan Ramón Carrasco Torres
Apodo
"El Pita" - "JR"
Nacimiento
15 de septiembre de 1956(53 años)
Sarandí del Yí,
Uruguay
Nacionalidad
Uruguayo
Posición
Mediocampista
Estatura
1.80 metros
Partidos internacionales
19
Goles totales
3
Año del debut
1973
Club del debut
Nacional
Año del retiro
2001
Club del retiro
Rocha Fútbol Club
Carrera como futbolista [editar]
Contenido
[ocultar]
Carrera como entrenador [editar]
ClubPaísTemporadas
Nacional
Uruguay1973−1978
River Plate
Argentina1979−1980
Racing Club
Argentina1981
Tecos de la UAG
México1982−1983
Nacional
Uruguay1984
Cúcuta Deportivo
Colombia1985
Danubio Fútbol Club
Uruguay1985
Nacional
Uruguay1986
Cádiz Club de Fútbol
España1987
River Plate
Uruguay1988
Peñarol
Uruguay1989
São Paulo
Brasil1990
River Plate
Uruguay1990
Bella Vista
Uruguay1991
Club Sport Marítimo de Venezuela
Venezuela1992
River Plate
Uruguay1993
Nacional
Uruguay1994
Rampla Juniors
Uruguay1995
Nacional
Uruguay1995
River Plate
Uruguay1996-1997
Nacional
Uruguay1997
Rocha Fútbol Club
Uruguay2000−2001
"Tiqui-tiqui" [editar]
ClubPaísTemporadas
Rocha Fútbol Club
Uruguay2000−2001
Fénix
Uruguay2002
Selección Uruguaya de Fútbol
Uruguay2003−2004
River Plate
Uruguay2006−
Controversia [editar]
