River Plate Registrate GRATIS en la web de hinchas de River Plate.

Despues De 18 Años

Crear artículo

Antes de crear un nuevo artículo, por favor accedé al buscador y comprobá que no tenemos el artículo que intentas crear. Si no existe todavía crealo, si ya existe podés editarlo para añadir la información que no tenemos. ¡Gracias!

Denuncia

Por favor indicá el motivo por el que querés denunciar el artículo

Por favor, copiá y pegá el párrafo/s que estás denunciando para localizar el texto dentro del artículo. Gracias.

Despues De 18 Años

Enviar a un amigo

Y Labruna volvió para ser campeón






La llegada de Angel Labruna como técnico de River en el 75 produjo una revolución futbolística. Armó un equipo voraz, con toque y vocación ofensiva, integrado por una camada joven y jugadores con oficio ese año River reventaba los estadios y, por fin, volvió a dar una vuelta olímpica.




 

Miguel Angel Bertolotto.






"Vengo a River para salir campeón", disparó sin que le temblara la voz, en tiempos en que campeón era una palabra casi maldita por Núñez. Temperamental y cascarrabias, directo y polémico, socarrón y llano, con todo el barrio y toda la calle sobre ese lomo que agachaba en sus gloriosas épocas de goleador para medir el disparo y maltratar a los arqueros, amado por River y odiado por Boca, Angel Labruna se paró sobre su fama de empedernido ganador y endulzó los oídos de un club que, allá por mediados de los 70, no podía gambetear una larga noche: dieciocho años sin campeonatos, desde aquel 1957 que completó la triple corona.

El arribo de Labruna produjo una revolución futbolística en River. Porque el ángel iba más allá de su nombre: Labruna era un tipo con ángel; lo tuvo como eximio jugador y lo tuvo como sagaz entrenador. Apelando a su ojo clínico para elegir los intérpretes, Labruna mezcló juventud y experiencia. A Norberto Alonso, Juan José López, Reinaldo Merlo y Carlos Morete, abanderados de una camada joven y magistral, se les sumaron hombres con oficio de sobra: Roberto Perfumo (llegó desde Brasil), Miguel Angel Raimondo (de Independiente), Pedro González (de Perú) y Oscar Mas (de Real Madrid). Los cordobeses Comelles, Artico (ambos de Talleres) y Reinaldi (de Belgrano), más el paraguayo Bareiro (de Cerro Porteño), también se incorporaron para la gran aventura en ese 1975 inolvidable.


Con sus palabras sencillas y sin rebusques, Labruna les contagió a todos su mística y armó un River voraz que hizo del toque su religión y de la vocación ofensiva su forma de vivir y de sentir el fútbol. La formación se decía de memoria: Fillol; Comelles, Perfumo, Artico y Héctor López; Juan José López, Raimondo (también jugó mucho Merlo) y Alonso; Pedro González, Morete y Mas. Y esperaba Daniel Passarella, a veces como suplente, a veces en Reserva, en cortocircuito temporal con el DT porque no era titular. La primera rueda fue un paseo: le sacó ocho puntos a Unión. Con un Fillol casi imbatible, con un Perfumo gigantesco, con un Jota Jota sabio, con un Alonso lujoso, con un Morete contundente y con dos wines imparables como Pedrito González y el Mono Mas, River regalaba distinción, convicción y goles. Y su gente reventaba los estadios y quebraba un récord de recaudación tras otro. No había cancha que aguantara tanta pasión, tanta locura.

Pero los viejos fantasmas aparecieron en la segunda parte del torneo. Alonso fue suspendido por seis fechas, por una expulsión ante Independiente, y el equipo perdió tres partidos al hilo (Atlanta, Newell's y Boca, todos 1-0). Las distancias se achicaron en la cima. Huracán y Boca corrían de atrás y exigían. Pero volvió el Beto y River resurgió en el momento oportuno: un 2-0 a San Lorenzo, justamente con goles de Alonso (un cabezazo y un zurdazo casi desde el suelo), lo dejó en el umbral del título.

Pero hubo otro pero. Una huelga de jugadores profesionales obligó a que la antepenúltima fecha se jugara con chicos amateurs. River necesitaba ganarle a Argentinos, en el José Amalfitani, para coronarse en el Metropolitano. Y salieron a buscar la gloria Vivalda; Raffaelli, Ponce, Zappia, Jometón; Cabrera, Bargas (Gigli), Bruno; Labonia, Gómez y Groppa (Giménez). Un zurdazo de Rubén Bruno, a los 24 minutos del segundo tiempo, desató el grito ansiado e interminable. Uno a cero. Y River campeón... Fue una noche helada, la del jue ves 14 de agosto, que se transformó en caliente por la majestuosa fiesta popular.

El domingo siguiente, en un Monumental repleto, los verdaderos campeones (los profesionales) cerraron la campaña con un 2-0 a Racing, con un penal convertido por la zurda sabia de Alonso y el gol número 24 de Morete. La masiva invasión de público al césped hizo que no se jugara el complemento. Labruna terminó en andas de sus dirigidos. El Angel de River había cumplido con su promesa.


 

 

 

Página creada por Diaz

Es probable que este artículo contenga material de la Wikipedia este material se usa de acuerdo a los términos de la licencia libre de documentación GNU