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Carlos Peucelle

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Carlos Peucelle

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Carlos Desiderio Peucelle nació en el barrio de Barracas el 13 de septiembre de 1908.

 

El fútbol lo atrapó mucho después que a la mayoría de los chicos. Su primera institución fue Boca Junios en 1924, a los 16 años.

Una huelga lo llevó a San Telmo y simultáneamente (jugaban en distintas asociaciones) a Sportivo Barracas, donde debuta en Primera División. Luego alterna en Nacional de Adrogué y San Telmo.

De allí lo toma Sportivo Buenos Aires. Es internacional a los 19 años. Juega el Campeonato Mundial en Uruguay en 1930. Cumple dos fugaces actuaciones amistosas para Estudiantes de La Plata e Independiente. En 1931, con el nacimiento del profesionalismo, River Plate compra su pase en $10.000, toda una fortuna para la época que le comienza a significar el mote de “Millonarios” al club, donde juega sin interrupciones hasta el término de su actividad en 1941.

En 1942, asume formalmente la atención de las divisiones inferiores de River (tarea que ya venía desempeñando extraoficialmente siendo aún jugador). En esos años junto a Renato Cesarini, dan forma a la que es conocida como la delantera más importante del fútbol argentino. Suya fue la idea de que Pedernera dejara la raya, y después se retrasara un poco, naciendo así “La Máquina”. Permanece en el club hasta 1949.

Dirige fugazmente a San Lorenzo y Huracán. Luego llevaría sus enseñanzas a casi toda América, donde es reconocido como un auténtico maestro de futbolistas. Estuvo en Perú, Costa Rica, Colombia, Paraguay, México.

 

 

En medio de ese periplo, entre 1962 y 1965 volvió a hacerse cargo de las divisiones inferiores de River. Volvió al club definitivamente en 1974.

 

 

“El primer millonario”. En 1931 River pagó 10 mil pesos por él. Cuatro veces campeón (1932/36/37/41), barullo, como era conocido popularmente, era un jugador de toda la cancha. Luego, fue técnico y junto a Renato Cesarini crearon “La máquina”.

 

Fue quien convirtio el primer gol en el MONUMENTAL,en el partido inugural a Peñarol de Montevideo.

 

 

El 13 de setiembre de 1908, hace hoy 100 años, nacía Carlos Desiderio Peucelle, Barullo. Antes de llegar a River, en 1931, jugó en Sp. Barracas, San Telmo, Nacional de Adrogué y Sp. Buenos Aires. Tras su retiro se dedicó a la dirección técnica. Fue un gran formador de juveniles. Y quien sugirió ubicar a Pedernera como centrodelantero más atrasado. Así nació La Máquina.

 

 

 

Otro rasgo de sus ejemplares 17 años de jugador: su señorial conducta, no obstante su temperamento apasionado por la lucha y por el juego. Adolfo Pedernera me dijo una vez: “-Puede gustar o no como juega Carlos, pero tiene que ser muy mala persona el que siendo compañero suyo no sienta vergüenza si no lo sigue en su tren de ganas de ganar. Arrastra a todos."

Carlos Peucelle

Carlos Peucelle: “Fútbol Todotiempo”


Se trata de una producción de Editorial Axioma, de mayo de 1975. Un libro indispensable para redescubrir a uno de los hombres más importantes del fútbol argentino, en el primer capítulo del profesionalismo: Carlos Peucelle. 156 páginas, en las que el ex jugador de las inferiores de Boca, San Telmo, Sportivo Barracas, Nacional de Adrogué, Sportivo Buenos Aires, River Plate y la Selección Nacional, enumera sus vivencias dentro y fuera del campo de juego.

 

 

“Si el fútbol es juego de equipo contra equipo, al fútbol hay que jugar con los once que entran en la cancha y nada más (salvo lesion del arquero). Justamente por eso, el fútbol está abierto a la gran democracia que es igualar a minorías y mayorías en cuanto a derechos y oportunidades. El cambio de jugadores reniega ese sistema de justicia. Lo que yo propongo entre los 14 y 17 años, es para amparar al que juega, en un ciclo en el que el resultado no es el objetivo. Y si a partir de los 18 años el jugador no aguanta 90 minutos, que vaya ganando tiempo y se vaya del fútbol. Acaso no hacen el servicio militar y también votan a esa edad? No puede ser que sean lactantes en el fútbol”, polemiza el subcampeón mundial de Uruguay 1930.

El prólogo de esta obra, es una joyita firmada por Dante Panzeri, que recomendamos leer: “Y lo de sarmientismo le cae justo a Carlos Peucelle, no solamente porque educó montones de muchachos, dictó moral, enseñó lo que se puede enseñar en fútbol, desparramó altruismo civilizador. Sino también porque hoy, a los 67 años, su calva y su rostro hasta tienen semejanza con el gran sanjuanino. Y además porque se irrita, protesta, grita y se pelea por causas nobles lo mismo que Sarmiento”.

Un libro que no hay que olvidar, para no olvidar a Carlitos Peucelle, el que le costó 10.000 pesos a aquel River que comenzaba a ser “millonario”.

 

Su experiencia primero como jugador y después como técnico, en 23 capítulos destinados a conocer la filosofía futbolística de una estrella que dedicó su segunda etapa en el mundo del fútbol, a descubrir y formar juveniles: “Comprendo que es difícil decidir y no equivocarse. Hay quienes parecen ser y no son. Y hay quienes parecen no ser y llegan a ser. Depende de si son defensores o atacantes. Pero no se exige que todos los que permanezcan sean cracks. Hay elementos standar de una gran utilidad como complementos, y que pueden quedar en esa selección para acompañar, sin ser grandes jugadores. Justamente para hacer lo que hacen muchos grandes jugadores. Luchar es una cosa que éstos a veces no hacen, y que aquellos otros hacen a la perfección. Desde luego, como en todo… hay de todo”.

 

Futbol Todotiempo

 

 

Carlos Peucelle fue el predecesor de lo que con el tiempo se llamaría “jugador polifuncional”. Jugaba en todos los puestos. Tanto es así que cuando un compañero se lesionaba (no había cambios en ese tiempo), Barullo cubría su posición. Si bien su puesto natural era el de wing izquierdo, también fue uno de los primeros en dejar la raya para convertirse en volante de auxilio.

 

 

En el prólogo de Fútbol Todotiempo, Dante Panzeri cuenta y grafica el juego y su personalidad: “Carlos Peucelle, este increíble Barullo, mal llamado así porque andaba por toda la cancha y avanzaba dejando polvaredas a sus espaldas, como los automóviles de la época, jugó en los once puestos nominales del fútbol. Y dentro de ese eclecticismo tuvo cuatro performances memorables “fuera de lugar”: tres veces le arruinó partidos a Boca jugando como zaguero para equipos de River que habían quedado con 10 hombres; y una vez “se deglutió” como half izquierdo al entonces muy temible Tucho Méndez en ala con Unzué (River-Huracán, 1941, ausencia de Ramos).

 

Otro rasgo de sus ejemplares 17 años de jugador: su señorial conducta, no obstante su temperamento apasionado por la lucha y por el juego. Adolfo Pedernera me dijo una vez: “-Puede gustar o no como juega Carlos, pero tiene que ser muy mala persona el que siendo compañero suyo no sienta vergüenza si no lo sigue en su tren de ganas de ganar. Arrastra a todos."

 

Los números de Barullo Peucelle:

$10.000 pagó River en 1931 por su pase, enorme cifra para la época.

307 partidos jugados. (15º en la Historia de River)

113 goles. (8º en la historia)

4 títulos ganados: 1932 - 1936 - 1937 - 1941.

2 goles frente a Boca: el primero del profesionalismo (1-1 en 1931, en aquel partido suspendido que luego se le dio ganado a Boca) y el 1-0 e 1936 de un partido que River ganó 3-2 de visitante.

 

 

 

 


En un tiempo en que buscamos desesperadamente un referente y que no logramos ver el camino que nos devuelva a la senda histórica de nuestro club, es bueno tener un recuerdo para el primer “millonario”.


Hacia el año 1930 se decide la profesionalización del fútbol. River Plate hasta ese momento formaba parte de la liga más competitiva y complicada que tenía el país, de ésta formaban parte casi todos los equipos que actualmente forman parte del fútbol profesional de nuestro país (exceptuando a los bosteros y Huracán). La formación de River siempre era competitiva pero no lograba los grandes logros ni se obtenían gran cantidad de títulos. Cuando se tomó la decisión de profesionalizar al fútbol, nuestros dirigentes no estaban de acuerdo, sin embargo, se acoplaron a la decisión mayoritaria para no quedar fuera de la competencia.

Una vez tomada esta decisión, River Plate eligió el camino más peligroso, no se ingresaría a la profesionalización con medias tintas. El destino de ser el más grande estaba siendo gestada en la mente de nuestros dirigentes. En ese tiempo River Plate ya podía ser considerado uno de los 5 grandes pero por detrás de los otros equipos y para modificar esta situación se decidió empezar por hacer un shock, un acto que cambiara la forma de verse el fútbol en la Argentina.

El primer paso en esa búsqueda fue la contratación de Carlos Peucelle. Era tanta la seguridad que había por el “elegido” que para asegurarse su pase, River Plate decidió pagar una fortuna aún cuando no había necesidad de pagar. Eran los inicios del profesionalismo y no había que pagar por una nueva ficha pero ante la posibilidad de que otro equipo lo tentara, decidieron ir con todos los cañones al frente. River Plate se jugaba por un jugador y nacía el mito.

De pibe se había probado en Boca y fue aceptado pero por trabas burocráticas se fue a clubes más chicos e hizo la locura de jugar al mismo tiempo en 2 equipos diferentes. Como cada asociación jugaba sus partidos en diferentes horarios, Peucelle aprovechaba para hacerlo en San Telmo y en Sportivo Barracas. Su fama llegó tan alto que fue llamado para jugar en la selección. Era un jugador de buena altura y formación física (algo difícil en tiempos de pobreza). Su gran estado físico le permitía jugar en alta competencia en distintos equipos pero era muy desaliñado y tenía una gambeta muy rara y endiablada que confundía a los rivales, de ahí que nadie dudó en su apodo. Carlos “barullo” Peucelle era la imagen del potrero argentino, camiseta fuera del pantalón, medias caídas, pelo desaliñado… un jugador solo preocupado por su juego.

En 1932 River Plate acentúa su plan de liderar al fútbol argentino. Contrata a Bernabé Ferreyra y pronto, estos 2 jugadores que provocaron que nos apodaran “millonarios”, se convertirían en grandes amigos. La química estaba dada por el profesionalismo y sacrificio que mostraban ambos sin importar los vedettismos ni la idolatría que les dispensaban los aficionados. Peucelle se convirtió en uno de los primeros jugadores en entender el juego como algo completo, su posición era de atacante (wing derecho) pero sabía que podía defender y que en la recuperación de la pelota estaba la posibilidad de sorprender al rival. No fue casual la dupla elegida por la dirigencia para cambiar el rumbo de la institución. Uno era la explosión del gol esperado, el otro era la belleza de la gambeta; uno era la fiera y el otro el barullo; uno era atracción y el otro era despliegue, pero ambos tenían dedicación y respeto por la profesión, ambos vestían orgullosamente la casaca blanca con la franja roja, ambos tenían la humildad de los más grandes. Su locura era tal que por contrato él solo participaba de un entrenamiento semanal con el equipo porque todos los días iba a estudiar. Su despliegue durante los partidos era tan generoso y tan diferente al resto que nunca nadie sospechó cual era la realidad. Tras años de engañar a todos, un día alguien descubrió que el libro de estudio no era tal sino un álbum de fotos y en lugar de ir a estudiar se iba al barrio a jugar campeonatos de partidos relámpagos que duraban todo el día. Ante las pruebas no le quedó más remedio que reconocer que su mejor entrenamiento era jugar todos los días en el potrero.

Ganó 4 títulos como jugador y otros 3 como técnico auxiliar de Renato Cesarini. Todos reconocen a Cesarini como el técnico de la máquina pero consideran a Peucelle como su mentor porque fue quien decidió cambiarle la posición a Adolfo Pedernera, pero cuando se lo recordaban, Peucelle se reía de ello y sólo agregaba que quien se debía llevar los laureles era la madre de Pedernera. Siempre estuvo ligado al fútbol y le regaló a River la formación de jugadores como Di Stéfano, Pipo Rossi, Amadeo Carrizo, Pinino Mas…

una compra millonaria tuvo su rédito, para la época fue un gasto excesivo y extraordinario, para algunos debió haber sido una locura imperdonable, para River Plate fue una ganga, un regalo del cielo haber tenido a jugadores de la talla de Peucelle, no solo por lo que hizo dentro de la cancha sino por lo que siguió dando en los años posteriores. No por nada su apodo fue mutando a medida que el tiempo borraba el recuerdo de sus años de jugador y lo recordaban como mentor, consejero y maestro de tantos jugadores. En los años 40 dejó de ser barullo para convertirse simplemente en “maestro”.

Así lo llamaban la infinidad de jugadores que se relacionaron con el maestro hasta que el 1* de abril de 1990 cuando se despidió de nuestro lado. 20 años después, espero que junto a decenas de hombres que contribuyeron a hacer grande a River Plate, este en el cielo intentando darnos la mano que tanto necesitamos.

Página creada por Diaz con la colaboración de faro, jake, luco71.

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